jueves, 12 de marzo de 2015

¿Por qué el estrés engorda? ¿Qué es el hambre emocional?

Sabemos que el estrés se encuentra fuertemente vinculado al desarrollo de sobrepeso y obesidad, pero ¿por qué el estrés engorda? ¿qué es el hambre emocional? y ¿por qué hay personas a las que el estrés no les engorda sino que les lleva a perder peso?

Como bien sabéis últimamente me está costando más bajar de peso a pesar de mi esfuerzo por ir al gimnasio y llevar una vida ordenada y saludable. Lo cierto es que estos dos últimos meses he pasado bastante estrés y tensión laboral que me provocaba malestar estomacal (los llamados nervios), y sensación continua de hambre pero de alimentos calóricos como snacks, dulces o chocolate.

Muchos de vosotros habréis pasado por esto y me he puesto a investigar qué reacciones provoca en mi cuerpo el estrés para tener esa sensación continua de hambre y esas ganas de picotear.

Voy a intentar explicar de forma sencilla las conclusiones a las que he llegado comenzando por explicar lo que es el hambre emocional y posteriormente qué efectos produce el estrés en nuestro cuerpo y por qué hay un estrés que nos hace engordar y en otros casos y personas les lleva a adelgazar.


El hambre emocional

Muchas de las personas que atraviesan un episodio de estrés ya sea laboral, personal o financiero, utilizan la comida como “ansiolítico”, es decir para calmar el estrés y la ansiedad que genera en ellos el problema que están viviendo. Según las estadisticas dos terceras partes de las personas que están estresadas, usan la comida para calmarse.

Se conoce como hambre emocional a ese apetito irreal que sentimos y que no es provocado por una necesidad de energía sino más bien por la necesidad de nuestro cuerpo de ingerir alimentos que nos reconfortan ya que son los que liberan la "serotonina", ese neurotransmisor que nos permite estar equilibrados y felices.

Estos alimentos reconfortantes son a menudo dulces, salados, y con mucha grasa, ya que estimulan a que el cerebro libere sustancias químicas del placer ( de nuevo la serotonina) que hacen reducir la tensión. El aumento de serotonina en los circuitos nerviosos produce una sensación de bienestar, relajación, mayor autoestima y concentración.

Este efecto relajante se convierte en adictivo, así que cada vez que estás ansioso y estresado, te mueres de deseo por alimentos que engordan y con energía que tu cuerpo realmente no necesita por lo que es importante evitarlos y reducirlo

El estrés que engorda

No siempre el estrés nos lleva a engordar sino que el que origina aumento de peso es el estrés crónico, es decir, aquel que se mantiene durante largo tiempo y que no ha podido ser controlado.

Además el estrés está claro que nos engorda porque en general al tener menos tiempo mal-comemos, tirando de comida de máquinas de vending o comida rápida no casera y para colmo nos provoca más hambre de la habitual que nos lleva a comer más y peor, atiborrándonos de "alimentos reconfortantes" como ya he comentado. Por lo general también dormimos peor y no descansamos bien por lo que al cuerpo le resulta más difícil liberar la hormona del crecimiento como comentaba en el post Por qué dormir nos ayuda a adelgazar... pero no sólo es ese el problema.

Veámos cuál es el ciclo de reacciones que se producen cuando estamos estresados y que nos provoca que aumentemos de peso y se nos acumule la grasita abdominal que tanto odiamos.



Tu cuerpo responde a todo el estrés físico o psicológico exactamente de la misma manera. Así que cada vez que tienes un día estresante, el cerebro actúa como si estuviera en peligro físico e instruye a las células para producir hormonas potentes. En este momento recibes una ráfaga de adrenalina, que aprovecha la energía almacenada para que puedas luchar o huir.

Al mismo tiempo, se obtiene un aumento de cortisol, que le dice a tu cuerpo que se ponga rápidamente en marcha para reponer esa energía usada, a pesar de que no has utilizado muchas calorías en ese momento de pánico, pues no has salido huyendo a la carrera ni trepado ningún árbol para huir de ningún peligro.

Para “recuperar” esa supuesta energía perdida tu cerebro empieza a lanzarte señales de que tienes hambre … mucha hambre. Y tu cuerpo sigue bombeando cortisol, más y más, si la tensión continúa.
 
Esta hormona hace que el organismo libere glucosa a la sangre para enviar cantidades masivas de energía a los musculos, de esta forma todas las funciones de recuperación, renovación y creación de tejidos se paralizan y el organismo cambia para resolver esa situación de alarma.

Esta hormona es secretada por la glándula suprarrenal y como ya hemos comentado aumenta el nivel de azúcar en sangre y también baja la actividad del sistema inmunológico y participa en el metabolismo de grasas, proteína y carbohidratos. Es por esto que también nos resulta más fácil ponernos enfermos cuando estamos estresados.

En condiciones patológicas la excesiva secreción de esta hormona produce un aumento de colesterol, de triglicéridos y también promueve una acumulación de grasa desmedida.

El aumento de glucosa en sangre provocado por el cortisol, genera picos de insulina que como ya comenté en el post Por qué debemos comer más veces y menos cantidad, son los causantes de que se acumule grasa abdominal.

Entonces, nuestro cuerpo entiende que ante situaciones de estrés necesita más combustible y, a su vez, se prepara con reservas para posibles situaciones peores, por eso, el estrés es un fuerte factor de riesgo para nuestra salud, al incrementar grandemente las posibilidades de desarrollar un exceso de grasa corporal.

A su vez, como ya hemos comentado anteriormente el estrés y la ansiedad nos bajan los niveles de serotonina, un neurotransmisor que nos hace sentir bien. Cuando comemos en exceso comida con azúcar y grasa, nos sentimos bien porque este tipo de comida incrementa los niveles de serotonina. Por desgracia, es una solución rápida, tendemos a sentirnos culpables e infelices poco después, y más aún cuando se aumenta de peso.

Es un círculo vicioso del que resulta muy difícil salir. Si estas ansioso y comes en exceso para calmarte, ésto te produce a su vez, más ansiedad. Y una vez que tu ansiedad es mayor, tienes un nuevo problema a tratar: perder el peso que has adquirido. 

Además, y para más inri, investigaciones del instituto Garvan de Australia concluyeron que, ante las tensiones sostenidas, el cerebro segrega un neuropéptido (Y2) que se encuentra en los adipocitos (células de grasa) produciendo un aumento de su tamaño y una multiplicación de las mismas, lo cual aumenta la cantidad de tejido graso en el organismo.

Otro hecho relevante adicional que se ha descubierto tiene que ver con la diferente reacción frente al estrés de las personas que normalmente controlan mucho lo que comen para intentar adelgazar, frente a quienes normalmente comen lo que les apetece en todo momento.

Hoy en día mucha gente se someten a dietas estrictas para adelgazar o “vigilar su peso”. Generalmente estas dietas implican controlar el tipo y la cantidad de alimentos que se consumen. Estas personas sometidas a la disciplina y autocontrol que les exige la dieta hacen caso omiso de las señales que les indican que tienen hambre para comer menos de lo que les gustaría. En otras palabras, restringen su alimentación.

En cambio las personas que comen en función de su apetito, no se imponen límites.
Las investigaciones han demostrado en repetidas ocasiones que quienes limitan su alimentación tienden a comer más en respuesta al estrés, mientras que quienes no lo hacen suelen comer menos.

El Dr. Paul Lattimore, experto en conducta alimentaria de la Universidad John Moores de Liverpool explica por qué las personas que están a régimen comen más en situaciones de estrés. “Estas personas dedican tanta energía a controlar sus señales biológicas que les quedan pocos recursos para enfrentarse a los problemas cotidianos. Por eso, cuando se estresan, pierden el control y si tienen comida a mano, la consumen. Además, están tan acostumbrados a no hacer caso a su cuerpo que ignoran o malinterpretan las señales relacionadas con la lucha o la huída”.

En definitiva, cuando pasamos por una situación de estrés de nuestra vida actual el cuerpo se cree que estamos en peligro y activa todos los mecanismos para salir airosos del mismo como antaño, pero lo cierto es que al no quemar esa energía extra que nos solicita en nuestros días lo que ocurre es que nos lleva a engordar y mucho.

Por eso es tan importante que controlemos el estrés y la ansiedad con técnicas de relajación, deporte e intentando llevar vida ordenada de horarios y comidas saludables. Es decir, lo primordial es atacar el problema de raíz intentando salir lo antes posible de esa situación de estrés y así evitando el "hambre emocional".

El estrés que adelgaza

Hay muchas personas a las que el estrés no les engorda sino que les lleva a perder peso.
Pero el estrés que lleva a la pérdida de peso es aquel que surge repentinamente como consecuencia de situaciones puntuales que nos desbordan física y emocionalmente produciendo fuertes tensiones, por ejemplo, nerviosismo, angustia, rabia o preocupación.

Estas emociones intensas suelen causar pérdida del apetito o problemas digestivos que impiden la asimilación de los alimentos pero, por lo general, este tipo de estrés se mantiene durante un período limitado y cesan sus efectos cuando se revierte la situación que lo causaba. La pérdida de apetito ocurre porque prima la respuesta de la hormona adrenalina frente al cortisol, y esto produce que disminuya el apetito y que se produzca la movilización de grasa del organismo.

En definitiva, sólo si vives momentos de estrés puntual se producirá una bajada de peso ya que cuando el estrés se convierte en crónico lo más probable es que se produzca un incremento de peso y una acumulación de grasa.

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